PRIMER BATACAZO DE QUIQUE (1-1)

El anfitrión estaba tranquilo, pero no dominaba. Lo dejó claro Álvaro Giménez, que puso de los nervios a Cornellà-El Prat con su tanto en el minuto 20. El delantero remató de cabeza un saque de esquina y dio la vuelta a la eliminatoria con el 0-1. Ahora el Español estaba obligado a marcar para aspirar a los octavos final. La tensión defensiva del Alcorcón frustraba todos los intentos de los delanteros blanquiazules. Gerard Moreno y Felipe Caicedo tenían muchos problemas para encontrar algo positivo en la línea de cuatro madrileña, bien posicionada. Por el contrario, el cuadro amarillo se mostraba muy incisivo.

La ocasión más clara del Español llegó justo antes del descanso. Diego Reyes, a palmos de la línea de gol, conectó un remate picado con la cabeza después de que Gerard Moreno peinara el balón. La pelota botó y se fue por encima del larguero. La afición perica silbó a su equipo, entonces fuera de la Copa del Rey. Quique Sánchez Flores quería una reacción inmediata tras el descanso y dio entrada Hernán Pérez y a Melendo, por Caicedo y Reyes. Los catalanes ganaron en ímpetu y velocidad. Seguían sin ocasiones de gol claras, aunque obligaron al Alcorcón, muy cómodo, a retrasar líneas.

El anfitrión marcaba ahora la pauta del choque. Ante la imposibilidad de entrar por el centro, presionaba por las bandas y buscaba el centro que revitalizara su clasificación a octavos. Los de Julio Velázquez, por su parte, se limitaban a cerrar espacios y a ralentizar el compás del encuentro. De hecho, los madrileños no disfrutaban de contraataques ni tenían excesivas urgencias por pasar de tres cuarto de campo. El choque, en esta segunda mitad, se convirtió prácticamente en un monólogo ofensivo del Español. Sus llegadas, sin embargo, se diluían y quedaban en nada.

Hasta que apareció Hernán Pérez en el 83. El extremo paraguayo, cargado de genio, asestó un latigazo desde el punto de penalti imparable para Dani Jiménez. Entró en el campo al descanso para ser el revulsivo y la apuesta funcionó. El pase, una parábola perfecta desde la banda de Piatti. Empate a uno: había partido. Y prórroga.

En el tiempo añadido apenas hubo fútbol, más allá de tímidos avisos sin peligro real. El cansancio creaba imprecisiones en ambos conjuntos, conscientes de que un error en el área sería fatal. Las piernas pesaban y la tanda de penaltis era el escenario más previsible. Así fue. Y la lotería, para el Alcorcón.

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